Ácido hialurónico, la sustancia de la eterna juventud

El acido hialurónico es un polisacárido natural que se encuentra en todos los seres vivos. En los seres humanos destaca su concentración en las articulaciones, los cartílagos y la piel, donde cumple una importante función estructural, siendo responsable de la elasticidad de la misma. El médico José Antonio Yturriaga explica que “posee la capacidad de retener el agua en un porcentaje equivalente a miles de veces su peso, actuando como si se tratase de una esponja molecular. Además, es un importante estimulante de la formación de fibras de colágeno, el cual es a su vez el elemento responsable de sostener los tejidos de la piel”.

En 1934 el farmacéutico alemán Karl Meyer y su colega John Palmer, doctores de de la Universidad de Columbia (Nueva York) lograron aislar en el laboratorio de oftalmología de la universidad una sustancia hasta entonces desconocida a partir del cuerpo vítreo de los ojos de las vacas.

Descubrieron que esta sustancia contenía dos macromoléculas de azúcar, y que una de ellas era ácido urónico. A raíz de esto tomaron la decisión de darle el nombre de ácido hialurónico a partir de las palabras hialoide” (vítreo) y ácido urónico. La sustancia, que ayudaba al ojo a conservar su forma, era sumamente viscosa, lo que hizo sospechar a Meyes que podría tener algún empleo terapéutico.

Sin embargo su extracción a partir de los ojos de las vacas no era factible comercialmente.

El ácido hialurónico fue utilizado por primera vez con fines comerciales en 1942, cuando el científico húngaro Endre Balazs utilizó las técnicas de Meyer para sintetizar el ácido de las crestas de los gallos, que hoy día continúa siendo una de las fuentes de ácido hialurónico más provechosas.

Interesado por el compuesto patentó un el primer uso de este ácido: sucedáneo de la clara de huevo en los productos de pastelería.

Balazs llevó a cabo la mayor parte de los descubrimientos sobre hialurónico durante los últimos cincuenta años, habiendo sido premiado por su carrera en numerosas ocasiones e incluso le han puesto su nombre a los premios de la Sociedad Internacional de Investigación Ocular (International Society for Eye Research).

Su funcionalidad como desarrollador de colágeno, retenedor de agua y materia de relleno cutáneo le ha otorgado una gran demanda dentro del sector de la cosmética y la cirugía estética.

En la farmacopea de numerosos países se utiliza como cicatrizante de heridas y úlceras de decúbito en aplicación tópica. Se encuentra incluido dentro del grupo D03 del código internacional ATC, concretamente con el código D03AX05.

Su uso en cosmética, el sector de mayor demanda, se conoce desde 1996, aunque cubre múltiples necesidades. El ácido hialurónico posee la capacidad de retener el agua en un porcentaje equivalente a miles de veces su peso.

Es por ello que se emplea para hidratación de la epidermis ya que reconstituye las fibras que sostienen los tejidos de la piel. Se utiliza en la viscososuplementación, una técnica para sustituir el líquido sinovial perdido durante las artroscopias y como tópico o en sesiones de mesoterapia.

Por ello, en crema previene arrugas y ayuda a retener el agua.

La función principal del ácido hialurónico es como material de relleno en cirugía estética utilizándose en implantes y rellenos.

Este material, además de alisar los pliegues subcutáneos estimula la producción de colágeno, lo que multiplica y prolonga el resultado rejuvenecedor.

Su utilización destaca en la voluminosidad de los labios y pómulos, así como para alisar la frente y las marcas cutáneas aunque también se administra para reducir las cicatrices del acné severo y otros problemas cutáneos que ocasionen pérdida de piel.

El ácido hialurónico se inyecta donde no hay músculo justo bajo la piel donde está la arruga.

También se emplea en clínicas de fertilidad, en el aumento de volumen de los tejidos y como suplemento nutricional para las articulaciones en tratamientos por dolores en las mismas o con osteoartritis y para el tejido conjuntivo o conectivo.

El ácido hialurónico puede también eliminar los radicales libres, los subproductos dañinos para el tejido derivados del metabolismo del oxígeno, que pueden provocar inflamaciones y cáncer.

Un equipo de investigadores de la Universidad de Míchigan seleccionó un grupo de voluntarias sanas con una media de edad de 74 años y una piel aceptable, y les inyectaron ácido hialurónico en varios puntos de uno de los antebrazos. En el otro, las participantes recibieron únicamente suero salino como placebo.

Transcurridas 4 semanas realizaron una biopsia que repitieron a los 2 meses y medio para evaluar el estado de la piel de las mujeres. El ácido hialurónico había ocupado el hueco que había dejado el colágeno perdido, como venía siendo de esperar, pero además estimuló la producción de esta proteína cutánea mediante el esponjamiento de los fibroblastos. Este doble efecto explica por qué los efectos del ácido hialurónico son acumulativos y se notan más pasado entres seis meses y un año desde las inyecciones.

El experimento fue criticado por haberse aplicado únicamente a un grupo reducido y que se aplicaron en el brazo de las participantes y no en las zonas en las que normalmente se inocula en las consultas médicas.

Sin embargo, los expertos defienden que no hay evidencias de que los efectos logrados en esta zona y el funcionamiento de esta sustancia no vayan a ser los mismos en la piel del rostro.

Según el doctor José Antonio Yturriaga, “con los años, el organismo va perdiendo la facultad de sintetizarlo y consecuentemente disminuye el colágeno, nuestra piel se deshidrata, pierde volumen, se desestructura, destensa y… aparecen las arrugas”.

Cumple una función hidratante, estimula la circulación periférica, revitaliza el ciclo celular y restituye al rostro luz y suavidad. “Es un tratamiento que no tira como lo hace un lifting, pero es muy eficaz para suavizar las arrugas. Y precisamente se usa también para mejorar los resultados del lifting”, confirma el doctor, que ejerce su especialidad en el centro Body Vital Center de Madrid.

Estas espectaculares propiedades benefactoras no han pasado desapercibidas en el mundo de la medicina estética, que desde su aprobación para uso cosmético por la FDA en 1997 lo viene utilizando exponencialmente para la eliminación de arrugas suaves, medias y profundas en todo el contorno de la cara, aumento de volumen de pómulos y labios, reducción de cicatrices, acné y otras depresiones de la piel.

“El problema es que al ser una sustancia fácilmente biodegradable, es reabsorbido en días, por lo que sus efectos hidratantes y de relleno no son muy duraderos. Para evitar en lo posible esta acción, la ciencia ha unido el AH a sustancias retardantes de la reabsorción. Es lo que denominamos el AH reticulado, con lo que se ha conseguido prolongar sus efectos de 6 meses a 1 año. Por esta razón, para mantener sus efectos es necesario reinyectar el AHR cada 6 meses como media. Se inyecta donde no hay músculo justo bajo la piel donde está la arruga. Su aplicación no es dolorosa y no precisa anestesia o a lo sumo, una crema anestésica o preferentemente, aplicación previa de frío local.

El doctor Yturriaga explica que “dentro del sector de los rellenos de última generación, llega de Francia un producto revolucionario y específico para combatir la flacidez facial. El atlean es un compuesto formado por la asociación sinérgica de acido hialurónico (no reticulado) y fosfato tricálcico, un biomaterial reabsorbible que actúa como un potente factor estimulante de la síntesis de colágeno (Colagenogénesis)”.

Asimismo el especialista afirma que “independientemente de la inmediata acción hidratante del AH, el progresivo efecto del fosfato tricálcico se traduce objetivamente en una estructura facial más tensa y una piel rehidratada, tersa y luminosa. Sus efectos duran entre 6 y 8 meses, pero para optimizarlos, es conveniente repetir el tratamiento a los 30 días de la primera sesión. Se inyecta mediante pequeñísimas agujas indoloras por debajo de la piel, que no requieren anestesia”.

Fuente: Urgente24